Papá, ¡hazme un experto!, perderé creatividad


  Si me lo permiten…

  Quién no ha pronunciado en alguna ocasión expresiones tales como: “yo soy de ciencias así es que…”, “no es mi especialidad”, “es un tema desconocido para mí”, “lo mío no son los números”, “en cuanto a ese asunto te puedo asesorar en lo que quieras, soy experto”… Zapatero a tus zapatos, aunque hasta cierto punto.

  En realidad, sería entendible dejar a un lado las debilidades en cuanto a aptitudes se refiere, con el fin de no vernos envueltos en un sinfín de constantes tropiezos en el momento de opinar y actuar en sociedad. Sin embargo, cuanto mayor es la especialización en un campo determinado, más perjudicada se muestra la capacidad de innovación y curiosidad por otras áreas de la vida.

  Los niños, desde que nacen desarrollan de una manera exuberante estas destrezas emprendedoras, las cuales, les conducen a solucionar problemas que un adulto probablemente resolvería (si es que le resulta posible) de un modo costoso y con bastante esfuerzo mental. Más